13 de Diciembre de 1975

LA FORTALEZA INTERIOR

Escribe, hijo:

En un mensaje anterior te he hablado mucho de una virtud importante. Todas las virtudes son importantes, así como todos los miembros de un cuerpo, pero hay miembros de mayor importancia, otros de menor importancia.

La virtud de la que ahora tengo intención de hablarte es esa fortaleza interior de la que el cristiano tiene extrema necesidad, debiendo combatir durante toda su vida contra las fuerzas del Mal.

“Militia est vita hominis super terram”[29]. Es una verdad olvidada, tratada pálidamente al modo de todos los otros problemas eclesiales, mientras se debería hacer objeto particular de estudio y tomar medidas adecuadas para difundirla y protegerla de toda insidias del Enemigo.

A medida que el muchacho toma conciencia de las dificultades espirituales que encuentra para conservarse bueno y mantenerse fiel a Dios Creador, Redentor y Santificador, debe ser iluminado. Se le ayuda a entrenarse con la virtud de la fortaleza y a formarse una visión realista de la lucha como finalidad principal de su vida terrena para alcanzar la vida eterna.

Se le deben indicar las armas indispensables para la lucha, se le deben indicar los tiempos y los modos para el uso eficaz de estas armas.

Los hombres enseñan a los soldados de un modo mucho más estricto el uso de las armas; hacen efectuar maniobras y explican a los soldados cuándo, cómo y porqué se debe recurrir al uso de estas armas. Sólo en mi Iglesia, que no carece de las estructuras necesarias, no se ha comprendido la importancia de este problema central de la pastoral. Excepto esto, el resto es marginal, es marco, ¿para qué le sirve al hombre el resto si luego, al final perdiese su alma?

 

Depende la salvación

Toda la educación y formación de dar a los niños que, abriéndose a la vida encuentran las primeras dificultades, debe estar basada en estos puntos, de los que ya se ha hablado en los mensajes anteriores: Creación y caída del hombre; Encarnación - Pasión y Muerte de Mí, Verbo Eterno de Dios para la liberación de la humanidad; mi Redención, mi Cuerpo Místico salido de Mi Corazón abierto.

¿Por qué insisto tanto en estos puntos que forman la espina dorsal de la historia del género humano? Porque a estas realidades históricas está ligada la vida de todos los hombres.

Los hombres no pueden sustraerse a esta lucha, de cuya suerte depende o la salvación o la condenación eterna.

Ningún hombre en el mundo puede presumir de poder enfrentarse a un enemigo superior por naturaleza y por potencia, sin una ayuda adecuada que Yo he provisto dársela, al precio que bien conocéis.

Para esto he querido la Iglesia en el mundo. Su objeto no es sólo la de engendrar los hijos de Dios sino de todos los modos y con los medios que posee, Ella debe hacerlos crecer, nutrirlos y defenderlos.

Dado que la Iglesia no está formada sólo por la Jerarquía sino por todos los bautizados, he aquí que padres, educadores y sacerdotes tienen el gravísimo deber de comprometerse a fondo de esta pastoral, dirigida a hacer comprender a los hombres que es su deber combatir a Satanás que encarna el mal, en todo momento de su vida, usando las armas adecuadas y en el momento preciso.

Esta lucha debe tener para el cristiano la precedencia sobre todas las otras cosas; del resto está claro que todas las otras cosas valen sólo en la medida en que sirven al logro del fin de nuestra vida.

No debe nunca ser olvidado que Yo he hecho del cristiano un soldado, un combatiente. Fuertes en la fe, fuertes en la esperanza, fuertes en el amor, bien armados y equipados, podrán enfrentarse al Enemigo con la certeza de la victoria, como David que combatió y venció a Goliat.

 

Formación equivocada

Hijo, dime si el enfoque dado por parte de los que se dicen padres cristianos, a la formación y educación de sus hijos ¡te parece a ti la justa!

De los hijos han hecho primero unos muñecos, luego unos ídolos, al final unos tiranos prepotentes.

Nada se niega a los hijos. Desde la primerísima infancia, todo capricho es satisfecho, todo deseo es contentado. Crecen así día a día las exigencias; pueden decir de todo, pueden hacer de todo, pueden experimentar de todo y he aquí que ya tenéis ya en las escuelas primarias niños drogadictos.

No se les ha pedido jamás una renuncia suya, un sacrificio; ¿es de extrañar que el vicio los domine ya aún antes de que estos capullos se abran a la vida?

Muchos padres de estos hijos se consideran buenos cristianos; se confiesan de vez en cuando, mis sacerdotes los absuelven con afable benevolencia y los obispos continúan su sueño.

Hemos llegado a este punto de perversión; se ha perdido de vista el problema principal. Se discuten infinidad de cosas, pero no se nos reúne alrededor del Pastor para estudiar una estrategia común respecto al más grande problema de toda la Pastoral.

No se curan enfermedades mentales con blandas medicinas genéricas, no se cura un tumor con una pastilla cualquiera. Aunque una intervención quirúrgica no sea grata, no se titubea en practicarla cuando está de por medio la vida. Pero ¡cuánto miedo, cuántos temores vanos cuando se trata del bien supremo del alma! Se duda, se teme y se aplaza la solución justa hasta un tiempo que jamás vendrá.

La debilidad y las incertidumbres de obispos y sacerdotes son una de las causas principales de los muchos males de los que hoy sufre la Iglesia.

Intervenciones ponderadas sí, pero rápidas, realizadas en el momento justo, habrían evitado muchos ayes. ¡Qué daño incalculable a las almas!

Reza, hijo mío, reza y ofréceme tus pequeños sufrimientos para mitigar la infinita tristeza de Mi Corazón misericordioso.

Te bendigo: no te preocupes de lo que será de ti. Te basta mi amor, Te basta saber que estás en Mi Corazón.

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[29] Milicia es la vida del hombre en la tierra (Job 7,1)