1 de Junio de 1978
EL CAMINO DEL AMOR
Hermano mío, soy Santa Teresa del Niño Jesús,
Finalmente, hermano mío, ha llegado el momento esperado por mí. Tú al hablar de los caminos que llevan a las almas a Dios te referiste a mí, atribuyéndome el camino más breve: el del amor. Este camino, más bien que descubierto lo he redescubierto, y en verdad me esforcé en recorrerlo hasta el fondo y ahora estoy contenta, tan contenta que más no podría estarlo.
Me ha parecido el menos difícil y sobre todo el más maravilloso... competir en amor con el Amor... Querido hermano, entiéndeme en esta afirmación mía y no la tomes en sentido literal, sino en sentido amplio, Él, que te ama ilimitadamente, si tú pones toda tu buena voluntad, y el amar es acto de la voluntad, lo que sucede no es posible explicarlo, lo intentaré pero no es fácil, si tú haces salir de tu voluntad un acto de amor dirigido hacia Su Corazón, Él te responde con Su Amor Infinito que envuelve, penetra y compenetra tu corazón; entonces tu pequeño rayo entra y se funde en el Corazón Misericordioso de Él, y Su amor y el tuyo se funden, son y forman un solo gran amor; así como la llamita de una pequeña cerilla arrojada al gran brasero de un alto horno se hace con él un solo y grande brasero.
El camino del hombre en la tierra es prueba
Carísimo hermano, haces muy bien en insistir y propagar el concepto de que el camino del hombre sobre la tierra es prueba; prueba de la que ninguno puede escapar, pero prueba de la que es necesario tener una justa y exacta visión, para que ninguno corra el peligro de desviarse.
¿En qué cosa consiste esta prueba? Para mí es una, que se articula en tres:
La primera es prueba de Fe, es la prueba de la fe. Sin la fe es imposible agradar a Dios, por esto si no se cree no hay salvación. Creer, firmemente creer en las verdades y en los misterios revelados; creer en la Iglesia como sacramento de salvación, puesta por Dios en medio de los pueblos como Maestra, Guía y Luz de todas las Gentes; creer en la autoridad de Dios revelador; creer en las Palabras del Verbo de Dios, que no se engaña ni puede engañar; creer en la Ley eterna de Dios, en aquella Ley que no cambia ni puede cambiar nunca y que nadie puede resquebrajar, sin incurrir en la ira de Dios.
- La segunda prueba exigida por la Omnipotencia Divina consiste en que el hombre en la tierra reconozca que Dios es Supremo Señor y Dueño de todo y de todos y que a Él se debe plena y absoluta sumisión, por tanto obediencia a la Ley.
- La tercera prueba exigida por la Misericordia Divina es la del amor. Para mí, Teresa del Niño Jesús, esta prueba encierra en sí las dos primeras; yo personalmente me esforcé por dar al amor la prueba más concordante con el amor y no veo ni comprendo que al Amor Infinito de Dios se le pueda dar otra prueba que no sea el amor.
En el Bautismo hemos recibido del Amor
la capacidad de amar y, consiguientemente, la de Servir y Obedecer
Si bien aceptando la total razonabilidad de las dos primeras pruebas, yo no veo la necesidad de ello, y diría, la utilidad de ellas, sobre todo porque los Cristianos en el bautismo reciben la Gracia santificante, esto es, la Fe, la Esperanza y la Caridad, virtudes inseparables y no escindibles. Donde hay amor A DIOS ahí hay fe y, por tanto, si hay fe, ahí hay amor a Dios; no es sólo un juego de palabras, sino una estupenda realidad. En el Bautismo hemos recibido del Amor la capacidad de amar, consiguientemente de servir y de obedecer. Para mí el camino del amor a Dios es el más maravilloso, el más breve y el más seguro.
Hermano Don Octavio… ámaLo, ámaLo, ama al Amor; jamás te dejes influenciar por la falsedad, vanidad, lisonjas e insidias del mundo; yo, aún niña, con claridad, con tanta claridad, vi cómo toda la vida humana es como flor que se abre en la noche, para caer luego marchita al día siguiente...
Ama al Amor, Don Octavio, jamás serás defraudado, en el tiempo ni en la eternidad; ámaLo ahora en las tribulaciones, un día lo amarás en el más perfecto y completo gozo. El Amor te mueve hacia Él como Él se mueve hacia ti; en el encuentro que se produce brotan efectos maravillosos y estupendos para ti, para vosotros y para 1as almas. ÁmaLo, ámaLo hasta consumirte por Él, como Él se ha consumido por ti. Un día comprenderás cómo en esto consiste la verdadera maravillosa razón de nuestra vida.
En virtud de la Comunión de los Santos permanezcamos unidos a Él, Amor eterno e infinito que desde siempre nos ama.
Dios te bendiga y contigo bendiga a todos aquellos a quienes amas, ahora y siempre.
Teresa del Niño Jesús