28 de Mayo de 1978

EL JUSTO VIVE DE LA FE

Escribe, hijo mío, soy Jesús, «de fe vive el justo», la fe encuentra su razón de ser en Mí, que soy la eterna Palabra viviente de Dios, encuentra su razón de ser en Mí, que soy la Verdad, y que da a los hombres testimonio de Mí como Camino, Verdad y Vida.

Hijo, tú quisieras conocer el porqué de cada cosa, Yo te he advertido que no lo hagas, para que tu fe sea perfecta y te lleve al abandono total a Mi Corazón Misericordioso.

Hoy es fiesta de mi Cuerpo y de mi Sangre. Este misterio es aceptado y vivido por la veracidad de mi Palabra. Este misterio, ya anunciado varias veces en la Sagrada Biblia, revelado por Mí y luego instituido en la Ultima Cena, es el don más grande que Dios podía hacer a la humanidad, pero especialmente a su Iglesia, para la vida de la misma, Él está en el centro de las pruebas exigidas por el Padre para entrar en el Reino de los Cielos, Él es el objeto de esta prueba y forma su alma, que se transforma en vida con la esperanza y con el amor: ¡oh, si los hombres supieran, hijo mío, preservar su corazón puro y libre del pecado, qué potencia, qué luz recibirían en este misterio de amor. El misterio de mi Cuerpo y de mi Sangre es cuanto Dios en su infinita munificencia ha podido y querido dar a la humanidad como testimonio de Su Amor infinito por la misma humanidad.

 

El Amor Me tiene prisionero en el misterio Eucarístico

Milagro continuo, hijo mío, no inferior al milagro de la Creación del Universo ni al de la Redención: no inferior a todos los milagros realizados en el tiempo, antes y después de mi venida; fuente perenne puesta en el mundo para que los hombres en su breve camino por la tierra pudieran acercarse a la Fuente de la Vida y nutrirse de esta vida, así como los Hebreos se nutrieron en el desierto con el Maná que el Padre hacía caer sobre el árido y estéril desierto para no ser hechos presa de la muerte, quien come este Pan tendrá la Vida y no morirá eternamente, pero quien voluntariamente no lo come y quien lo come indignamente perecerá para siempre.

-¡Oh mi querido Jesús! Tú, que desde siempre conocías la suerte que te estaba reservada a tu Divina Presencia en el misterio del Amor por la ingratitud y maldad humanas ¿cómo es que no te has preocupado en impedir tanto mal?

- Hijo, el Amor que me ha llevado a la Cruz es el mismo Amor que me tiene prisionero en el misterio Eucarístico. Mi amor por los hombres es infinito y supera con mucho la maldad y a la ingratitudes humanas.

Hijo mío, los motivos de credibilidad en este gran misterio no faltan, es más, no sólo no faltan sino que abundan, y si hay cristianos que afirman que no creen, es sólo por voluntaria y culpable ignorancia religiosa; si hay cristianos que profanan el misterio del amor, es porque estos cristianos se han dado, alma y cuerpo, a Satanás, quien ha entrado tan profundamente en sus corazones hasta el punto de haber llegado a ser su amo absoluto.

 

La hora esta próxima y  es inevitable

Si además hay sacerdotes, y hay tantos, y no sólo simples sacerdotes, que celebran sacrílegamente el Sacrificio de la Misa, éstos, igual que los antiguos sacerdotes Hebreos, están dominados por las DOS concupiscencias, la del espíritu y la de la carne, y no pueden comprender ni pueden ver, pues están envueltos por la misma oscuridad demoníaca, por lo cual de ellos con razón se puede decir: “homo animal non percepit ea quae sunt Spiritus Dei”.[80]

Hijo mío, tú bien conoces el estado de tremenda depresión en el que yace mi Iglesia. Ahora ya está saturada, para nada han servido todas las amonestaciones y las llamadas. La hora está próxima y es ya inevitable; y mis enemigos, los nuevos Judas vendidos a las potencias del mal, serán destruidos y dispersados como polvo al viento.

Reza, hijo mío, repara con tus sufrimientos, no importa que comprendas, lo que importa es que con gran humildad tú creas, firmemente creas en Mí, Palabra viviente y eterna de Dios, presente en mi Iglesia en el gran Misterio del Amor y de la fe, presente, y muchas veces solo, en mis Sagrarios.

Te bendigo, hijo, y contigo bendigo a todas las personas que te son queridas.

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[80] 1 Cor 2,14 : El hombre mundano no capta las cosas del Espíritu de Dios