31 de Mayo de 1978

SIEMPRE Y EN TODAS PARTES ¡EL PRIMER LUGAR A DIOS!

Escribe, hermano Don Octavio, soy Juan Bosco.

Tu visita y la del D. P. en Turín al Santuario de la Madre Celestial, Auxilio de los Cristianos, ha sido agradable al Dios Altísimo, querida, inmensamente querida la Virgen Santísima, nuestra común Madre. Las Santas Misas celebradas en la capilla de las Reliquias en honor de los santos mártires Octavio, Giovenco y compañeros, os han obtenido gracias por intercesión de ellos, heroicos y fieles confesores de la fe. No ha sido entonces un viaje inútil vuestra peregrinación, sino rico en dones y en gracias, que un día conoceréis en el Paraíso.

Hermano don Octavio y hermano D. P., ambos tenéis ante vosotros un camino marcado por los eternos Decretos de Dios: debéis formar almas, debéis dirigirlas; deberéis enseñar a las almas que Él ponga en vuestro camino que sólo Dios es el Alfa y la Omega de todo y de todos, que a Él todo debemos porque todo lo tenemos de Él y, por consiguiente, siempre y en todas partes se debe dar a Él el primer lugar.

Queridos hermanos, eso quiere decir trabajar para la regeneración espiritual de una cristiandad atea, incrédula e impía; quiere decir llevar amor, es decir, unión a donde reina el odio y la división; quiere decir llevar luz a donde hay tinieblas, llevar fe a donde hay incredulidad; quiere decir, hacer una nueva sociedad.

Es tarea de los miembros de la Asociación Esperanza la de renovarse para renovar, santificarse para santificar, enriquecerse para poder dar a quien no tiene. Carísimos hermanos, deberéis bajar a la viña con un grupo de óptimos viñadores para sanear y fertilizar una viña, llena de cizaña y saturada de enemigos que deben ser derrotados.

Ninguna renovación ni regeneración es posible sin María Inmaculada y Jesús Eucaristía.

Junto a vosotros, otros bajarán al campo para hacer nueva la Iglesia de Dios; formaréis junto con ellos un gran ejército bendecido por Dios Padre, por Jesús Redentor y por el Espíritu Santo, alma de la Iglesia. Hermanos, en el sacerdocio, entrad a formar parte de un gran plan de Dios; Yo, Don Bosco, por el amor y por la devoción que nutrís por mí, he querido ayudaros y por esto han sido los encuentros con D. C. d. A., con D. U. P., dos dignos hijos míos, dignos miembros de nuestra Congregación; ellos te confirman don Octavio y te indican las dos grandes columnas salvación de la Iglesia, las dos grandes vías que hay que indicar a todos los bautizados de buena voluntad: la Inmaculada y Jesús Eucaristía.

No hay ninguna renovación ni regeneración espiritual sin María Inmaculada y sin Jesús Eucaristía; únicamente con Ellos es como se restablece el equilibrio destruido, sin Ellos se multiplicarán las ruinas, sin Ellos no hay sino perdición; La Virgen Inmaculada es la Puerta por la que el Verbo de Dios entra y se inserta en la humanidad.

La Cruz es y será la liberación de la humanidad de la tiranía malvada de Satanás, pero la Cruz es una sola cosa con la Eucaristía, porque es la Misa la que da al mundo al Redentor con el misterio de la Cruz, ¡así debe entenderse la visión de las Dos Columnas!

Hermanos en el sacerdocio don Octavio y Don P., podríais objetarme que vuestra misión es común a todos los consagrados, sí, es verdad, la misión común de todos los consagrados es la de hacerse “víctima” en unión con Él por la misma razón por la que Él ha entrado en el mundo y ha muerto en la Cruz, misión común a todos los consagrados, sí, pero asumida por poquísimos, y esto es la subversión, lo que debiera ser de todos, o de la mayoría, se ha hecho realidad sólo en poquísimos. Pero prescindiendo de esto, se te ha dicho hace sólo dos días que Dios nunca se repite, si el fin que se persigue es común a todos, los caminos para llegar son diferentes y así el camino de la Asociación Esperanza, si bien obrando en comunión con otras instituciones y obras para la regeneración de la Iglesia nueva, es diferente de las otras. Vosotros, Don Octavio, debéis abrir este “camino” según el trazado establecido ab aeterno por la Providencia Divina.

Os bendigo; estaré junto a vosotros en vuestras necesidades y dificultades. Dios y su Madre Santísima, Auxilio de los Cristianos, están con vosotros.

San Juan Bosco