16 de Noviembre de 1978

CAOS EN LA LEY

Hijo mío, escribe.

Te he dicho que éste es tiempo de grandes males y que las fuerzas oscuras del Infierno han llegado o están por tocar el máximo poder a ellas permitido, en virtud de los insondables designios divinos, pero también es tiempo de grandes verdades, porque quiero que todos sepan, quiero que todos los de buena voluntad sean ayudados a tomar de nuevo el justo camino de la salvación.

Todos deben saber hacia qué parte orientar el restante camino de su vida a fin de que puedan encontrarse en la condición ideal de hacer su elección, pues hoy muchas almas están atormentadas por la duda, por muchas dudas, viven como en una penumbra en la que no pueden definir ni luz ni tinieblas, por lo que un rayo de luz para cualquiera de ellas puede ser verdaderamente determinante y tanto más porque no siempre son responsables de ésta su incierta situación.

Por eso es tiempo de quitar las vendas para que queden al descubierto las purulentas llagas de mi Cuerpo Místico, no por el pésimo gusto de denigrar, sino para curar las heridas y para que la vista de tan nauseante espectáculo haga reaccionar a muchas almas en inminente peligro de resbalar hacia el abismo, del cual no se sale...

 

El sacerdote, o elige a Dios con una fuerte vida interior, o bien…

En el precedente mensaje te he hecho un fugaz esbozo de algunas de estas llagas purulentas de las que está afectado mi Cuerpo Místico, llagas que le han gangrenado partes vitales como la familia. Per ahora deseo dirigir la mirada hacia la inmoralidad propagada y desbordada por doquier, aún entre mis consagrados los sacerdotes, siempre hechas las debidas excepciones para los pocos buenos y santos sacerdotes.

No te hablaré de nuevo acerca de qué es el sacerdote, ni tampoco de su dignidad o de sus poderes, esto ya ha sido dicho en otros mensajes; te hablaré de las grandes dificulta des en las cuales hoy se debate; dificultades que le hacen difícil mantenerse en el justo equilibrio de la fe y de la gracia en cuanto a que son muchas las fuerzas negativas que actúan sobre él.

Tentaciones interiores provenientes de las potencias oscuras del Infierno, que si no exentan a ninguno, mucho menos al sacerdote, que no es sólo persona por si misma, sino que por la naturaleza de su vocación y por la divina misión de la que está investido se convierte en persona pública que polariza en tomo a sí a tantas y tantas almas;

y por esto es objeto de atención, negativa naturalmente, por parte de les “sin Dios”, quienes lo miran con hostilidad;

es hecho blanco de la incomprensión de los dichos “buenos”, pero que no lo comprenden precisamente por su formalismo interior que les impide comprender cómo el sacerdote es el hombre que no siendo del mundo debe vivir en el mundo, que no es de Dios, sino de Satanás.

Por todo esto el sacerdote hoy vive en el gran peligro de hacer una elección equivocada, o Dios, con una fuerte vida interior, o bien ¡sumergirse en las realidades humanas!

 

¿Qué se hace para eliminar tanto mal?

Si el sacerdote elige las realidades humanas, poco a poco Perderá el gusto por Dios, luego pasará al disgusto, luego a la náusea, para llegar al fin a la traición a Dios. Es una elección sin vía de escape.

Cuanto más se sumerge en las realidades humanas, más se precipitará a lo bajo, hasta llegar a la pérdida de la fe, y por lo tanto de la vida de la Gracia; en este punto el descenso se convierte en caída que la arrastrará definitivamente en el mal y, por lo tanto, en la perdición eterna.

¿Pero cuáles son estas realidades humanas tan peligrosas?

Los medios de comunicación social moderna, como la televisión, el cine, los periódicos y las revistas empapadas de peligrosas y venenosas ideologías; prácticamente casi toda la prensa, compenetrada como está por los miasmas de la corrupción;

la convivencia asidua con personas de otro sexo; el sacerdote es un hombre que lleva en si, como todos los demás, todos los gérmenes de las pasiones, y con el vacío que en sí se crea con la crisis de fe, inevitablemente queda incendiado por el fuego de las pasiones, mismas que en él son particularmente violentas: qui amat periculum in illud peribit.[97]

Llegado a este punto él pierde todo recato y todo pudor y por todo el mal ocultamente acumulado en sí se transforma como en un leproso capaz de contagiar su mal a un número cada vez mayor de almas.

Cuántos son los sacerdotes que resbalan hoy en esta pendiente… un número grandísimo, convertidos como en otras tantas centrales de muerte espiritual, centrales de escándalos y de corrupción... pero ¿qué se hace para evitar tanto mal?

Nada o casi nada por parte de los Pastores... oh, no ignoran el hedor que se difunde en su grey, pero se finge no saber, no ver y no oír... ¡mejor así que tener disgustos o estar en vueltos en responsabilidades que pesan y que no se quieren asumir!

Y éstos que te doy son sólo bosquejos, no es la visión global, ¡sería demasiado para ti!

Ahora basta, ámame; mañana continuaremos.

___________________________________________________

[97] El que ama el peligro perecerá en él Si 3, 26

We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.