17 de Noviembre de 1978

CAOS EN LA LEY

Hijo mío, toma de nuevo la pluma y escribe.

En mi Ley está escrito “no robarás”: en realidad todo el comercio que se desarrolla hoy en el mundo está entretejido de fraude; y aún aquellos que se consideran buenos y honestos no se hacen ningún escrúpulo en practicarlo habitualmente, se dice “lo hacen todos”, pero el hecho de que el mal se haya extendido en tan gran medida que se ha hecho general es motivo de mayor deploración, jamás de justificación!

El fraude continuo es pecado contra la justicia, es pecado que por su naturaleza exige como reparación la restitución de lo robado, y quien no la cumple se expone al gravísimo peligro de comprometer su salvación eterna.

El mal, de cualquier naturaleza que sea, turba y desordena al cuerpo social entre cuyos miembros se cumple. Por esto mi Iglesia ha sido querida y puesta en el mundo, precisamente para recomponer el justo equilibrio en las almas, para iluminarlas, cuidarlas y curarlas, y sólo obrando así se obra para el común bien social.

 

“Materialismo” la herejía que encierra en sí todas

En mi Ley también está dicho “no cometerás actos impuros”, pero en este campo el caos es completo; no existen ya barreras, el mal se extiende como un río en crecida y ha contagiado a la entera sociedad humana, sólo han quedado inmunes las almas en las que la fe es verdaderamente viva y operante.

¿Cuál es la causa de todos los males de los que está afectada la presente humanidad?

El Materialismo, la concepción materialista de la vida. Esta es la herejía que encierra en sí a todas las demás herejías;

ésta es la herejía de la que se han servido las potencias del Infierno para cercar a la humanidad, habiendo obtenido un éxito indiscutible.

La responsabilidad del cristianismo es grande precisa mente por no haber sabido reaccionar con todas las fuerzas a su disposición ante este grandísimo peligro para 1as almas y ante esta colosal maniobra; no se han empuñado las armas con la debida presteza y no se ha respondido con la energía necesaria, por eso se ha llegado al estado actual de las cosas; la división de las varias Iglesias Cristianas, he aquí por qué hube de decirte en un precedente mensaje que la crisis actual tiene sus raíces en los siglos pasados;

el proceso de industrialización, que ha roto la compaginación familiar y ha alejado de

Dios a los hombres con la martilleante propaganda marxista, que poco a poco ha logrado apagar la fe en los corazones...

he aquí, esta gran crisis que ha tenido su inicio en el pasado y que hoy ha alcanzado su máximo nivel y que muy pronto será totalmente borrada de la faz de la tierra, por lo que dentro de VEINTE AÑOS estará apagado aún su recuerdo.

Toda la Ley de Dios, en cambio, que hoy está estremecida como por un gran terremoto, quedará, eterna e inmutable como Eterno e Inmutable es Dios.

 

La misión del sacerdote es misión religiosa

El caos en la ley es tal que los hombres, como se ha dicho en precedentes mensajes, han perdido aun el sentido del bien y del mal;

padres desnaturalizados que han perdido toda sensibilidad moral y no tienen en sí ya nada de cristiano;

la blasfemia se ha convertido en un hecho habitual;

la conversación obscena ahora ya como la blasfemia;

cuán frecuentes los pleitos, que no rara vez llegan a las más crueles violencias;

libros y revistas pornográficos dejados como alimento de los hijos, aún desde su más tierna edad;

el lenguaje cada vez más grosero y trivial;

las infidelidades conyugales comúnmente aceptadas y frecuentemente consumadas con el recíproco consentimiento… en gran número de familias verdaderamente ha sido cancelado el concepto de bien y de mal…

Todo esto, mucho más, es el producto del materialismo que ha compenetrado hasta a las estructuras de la Iglesia, si bien en otras formas, pero siempre venenosas y mortales, por lo que los sacerdotes impregnados de ideologías materialistas es como si hubieran cambiado naturaleza, pues con la misma facilidad absuelven todo a todos.

No asombren estas afirmaciones, porque para muchísimos sacerdotes son importantes sólo los problemas sociales, que en ellos tienen preeminencia sobre todos los demás. Es aquí donde el sacerdote desnaturaliza el modo de concebir el sacerdocio, el modo de “ser sacerdote”.

El sacerdote es Otro Cristo, y Cristo, Sumo Sacerdote, ha venido a la tierra para salvar a las almas de la tiranía del Infierno.

Por esto la misión del sacerdote ¡no es misión política o sindical, sino “religiosa”, toda dirigida al solo bien espiritual de las almas!

Muchos sacerdotes han desertado; muchos se han desviado; muchos están inmóviles en su vida sacerdotal porque las realidades mundanas en las que están inmersos les han hecho perder de vista el verdadero motivo de su sacerdocio y de su vocación, y todo porque en un momento dado les ha faltado el influjo de la Gracia, que es fruto de fe viva y operante y de sincera piedad, es decir, fruto de vida interior, por lo que secándose esta fuente, todas las desviaciones y degeneraciones de la vida sacerdotal se hacen comprensibles.

He aquí algunas consecuencias en el mundo eclesial del caos de la Ley, que aparece como reseca e incapaz de lograr su finalidad.

Basta por esta mañana; ámame; te bendigo; reza y repara.

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