13 de Noviembre de 1978
EL HOMBRE, CREADO PERFECTO,
POR SU CULPA SE HA HUNDIDO EN LA REBELION
Escribe hijo mío, sigo siendo Yo, Jesús, que después de una merecida pausa te digo que vuelvas al trabajo por segunda vez, mi pequeña pluma despuntada.
El hombre, pequeña pero estupenda síntesis de los tres reinos del universo, verdadero microcosmos, no salió de la infinita Potencia Creadora de Dios tal cual hoy es, salió bello y perfecto, con el reflejo de un alma, soplo de la Potencia Divina, y por lo tanto libre y responsable de sus actos, capaz de dominar a la materia y de moverse libremente en los horizontes infinitos de la eternidad divina y de adentrarse y salir de los confines de la naturaleza humana para alcanzar y tocar con su espíritu las infinitas bellezas y gozos de la Trinidad Divina... y todo esto mientras estaba en espera de poder entrar en la Casa del Padre Común, el Paraíso.
Pero un día, el más triste entre todos los días, fue rozado por la oscuridad del Infierno, hecha de odio y de rebelión y, por su culpa, se hundió en la rebelión y en el odio, de lo cual jamás habría salido si el Amor de Dios Creador no le hubiera asegurado la salvación por obra de una Niña Madre del Verbo eterno, Redentor de la humanidad.
A la promesa siguió la venida del redentor
El hombre, bello, Perfecto y feliz, dejó de ser tal cuando tocado por la culpa consentida fue arrojado de su luminosa morada, dando inicio a las desgracias que lo acompañarán por todo el tiempo de su permanencia en la Tierra, hasta la consumación de los tiempos.
Pero Dios, como se dijo, tuvo piedad de él y no lo abandonó, y así, a la “promesa” de la Redención hizo seguir la “venida” del Redentor, precedido de una preparación milenaria, escrita por Voluntad Divina con la Infalible asistencia del Espíritu Santo, Luz y Guía para todos aquellos que hubiesen querido, amado y preferido el “Camino” de la Salvación a aquel oscuro de la perdición.
Ahora bien, si tú consideras la situación actual de la humanidad desde un punto de vista neutral, quiero decir, si consideras a la actual humanidad libre de prejuicios, tú ves, hijo mío, una situación tanto en contraste con la que debería ser lógicamente según el recto uso de la luz de la razón y de la fe.
Los auxilios divinos de la Redención, de una abundancia y riqueza tal que supera de hecho toda imaginación, lógicamente deberían influir en favor de la supremacía del Bien sobre el Mal, de la paz sobre la guerra, de la Verdad sobre el error y, por tanto, en favor de un juicio positivo, pero si observas objetivamente, ¿cuál es la realidad que ves?
¿Por qué los hombres, los Cristianos y Mis Ministros a pesar de los potentísimos medios sobrenaturales de los que pueden disponer han llegado al caos actual? ¿Por qué, hijo mío?
Consciente y querida rebelión contra Dios
No bastan para justificar la situación actual de la Iglesia y de los pueblos la “herida” infligida a la humanidad al inicio, de donde la tendencia a las pasiones y al mal, ni las intervenciones de las fuerzas oscuras del Infierno; además de todo esto, está la responsabilidad de los individuos y de los pueblos; responsabilidad que no hace falta en absoluto devaluar sino que, al contrario, es necesario ver hasta el fondo para comprender lo que está por sobrevenir.
Dios es justo y no permitiría jamás un castigo no merecido, por esto la hora de la purificación, anunciada desde los tiempos antiguos, es la prueba aplastante de la responsabilidad humana, tanto de los individuos, como de las naciones y de la Iglesia; es la prueba de la consiente y querida rebelión contra Dios.
Observa, hijo mío, a esta humanidad en sus múltiples aspectos:
Observa los medios de comunicación, que en general son medios de perversión: televisión, prensa, radio; todo está como podrido, y con el pretexto de informar a la opinión pública, la deforman y la corrompen propagando el contagio del mal, incitando a la violencia y a la corrupción y produciendo la disgregación del tejido social; quién puede comprender la inmensidad del mal hecho a los menores con la prensa pornográfica introducida en las familias a menudo por los mismos padres o por algún “apóstol” del mal, sólo por el simple gusto del mal;
mira la prostitución, convertida hoy en hecho habitual, como el adulterio, el aborto y tantos otros pecados contra natura, de los que se reivindica abiertamente su legitimidad sirviéndose precisamente de los medios de comunicación y del cine, que desgraciadamente no es otra cosa sino una escuela de violencia, de hurtos y de rapiñas y además de tantos otros males;
observa los otros aspectos del cuerpo social, como la moda excitante de la sensualidad y causa de tantos pecados cuya gravedad nadie podrá comprender hasta el fondo, moda que ha entrado por doquier, aceptada por las familias y por la Iglesia misma, por la que se ha permitido hasta el llevar en la Iglesia minifalda y vaqueros, modas verdaderamente diabólicas, ante las cuales se han doblado las rodillas, llegando a los más inicuos compromisos; observa el mundo de la Política, que tiene casi siempre como palanca la sed del poder, y en el que la lealtad pocas veces asoma, y que no desdeña, con tal de llegar al intento, ni siquiera el delito y donde la hipocresía y la falsedad reinan soberanas; observa el mundo del arte en sus varias manifestaciones, éste refleja siempre la fuente de la que brota... y un cuerpo en plena putrefacción no puede sino emanar un hedor nauseabundo; jamás podrá un hombre expresar lo que no tiene o lo que no siente, por eso las extravagancias y las cosas más extrañas son el así llamado producto artístico de una sociedad invadida por el materialismo; y, ¿qué puede expresar el materialismo hoy sino un materialismo cada vez inferior?
Gran culpa de la Iglesia el no haberse opuesto sino débilmente
Hijo mío, podrías continuar pasando revista por todos los demás aspectos de la vida moderna, pero el cuadro que se te ofrecería no cambiaría en absoluto; pero Yo, Jesús, quiero dirigir una vez más tu atención hacia Mi Iglesia y hacia su responsabilidad en las vicisitudes de la vida moderna.
Su gran culpa es la de no haberse opuesto sino débilmente, a la gran avalancha del materialismo, que no quiere decir otra cosa sino Paganismo;
la Iglesia “niña” no cedió al materialismo pagano y nos dio los Mártires, la Iglesia actual ha cedido en todo y nos está dando desertores y traidores, herejías sobre herejías, males sobre males... pero para todo esto nadie puede presentar justificación plausible.
En la Iglesia, como en las Naciones de la tierra, aquellos que más tuvieron, porque fueron mayormente dotados de dones, siempre habida cuenta de las debidas excepciones, han sido los que peor han respondido y por lo tanto son los más responsables del proceso de desintegración espiritual, moral, civil, artística y literaria.
Cuántos hombres soberbios y presuntuosos se consideran artífices de una civilización puramente material, sin alguna cosa de espiritual, pero ¿qué importa al hombre de camino en la tierra los supersónicos, las navecillas espaciales, la televisión en color, si luego él, el “rey de la creación” termina en el infierno?
Es una realidad ésta, de la que el hombre de hoy, en la estúpida ceguera que le invade, se puede reír, pero es realidad que permanece en toda su fatalidad; estos hombres, denominados grandes, no debían hacer progresar sólo las cosas materiales, sino ¡”ellos” debían progresar en los Caminos del Espíritu Santo!
Qué vuelco total, hijo mío; estos hombres verdaderamente diabólicos antes que desarrollar los valores morales, espirituales y artísticos, con un gran ensañamiento han hecho de ellos medios de perversión, de corrupción, de muerte y de violencia de todas clases... por tanto no hombres, sino monstruos invadidos por el espíritu del mal pero disimulado siempre de apariencia de bien.
He aquí, hijo mío, estos hombres que, en general el mundo honra como los benefactores, son los más grandes enemigos de la humanidad, son los “hijos del Infierno”, engendrados por el Infierno, protegidos y organizados en la iglesia creada por el inextinguible odio de Satanás, este es el más colosal enredo, el más colosal engaño tendido a la humanidad y a mi Iglesia.
Por esto, Dijo mío, esos hombres que en general el mundo honra como unos benefactores, son los más grandes enemigos de la humanidad, son “hijos del Infierno”, generados por el Infierno, protegidos y organizados en la Iglesia creada por el inextinguible odio de Satanás. Esta es la más colosal confusión, el más colosal engaño hecho a la humanidad y a mi Iglesia.
A esta luz un día se podrá comprender mejor la hora de la purificación.
Ahora basta, te bendigo y como siempre te digo dame tu amor; reza, y repara.