
Oh Virgen Santa, Madre de Jesús y Madre nuestra
Nadie ha amado a Jesús más que tú
Nadie ha sufrido por Jesús más que tú
Nadie ha creído en Jesús más que tú
Nadie ha seguido tan fielmente a Jesús más que tú
Nadie ha conocido a Jesús más que tú
Nadie ha servido mejor a Jesús más que tú
Nadie ha estado unido a Jesús más que tú
Nadie ha adorado a Jesús más que tú
Nadie ha glorificado a Jesús más que tú
Nadie ha obedecido a Jesús más que tú
Nadie ha participado en la Omnipotencia de Jesús más que tú.
Oh María, Madre nuestra, no alejes tu mirada jamás de nosotros
peregrinos en la tierra en camino hacia el Puerto que nos espera.
Oh María, Madre nuestra, ayúdanos, asístenos, protégenos y defiéndenos
de los numerosos males espirituales y materiales que nos rodean.
Oh María, verdadera Madre de Dios y verdadera Madre nuestra,
inmunízanos contra todas las insidias del Infierno,
danos la perseverancia y guíanos a través de las dificultades de nuestra vida terrena.
Amén. Amén. Amén.