12 de Noviembre de 1978

QUIÉN PUEDE EXORCIZAR

Escribe, hijo mío, soy Jesús. Continuemos con el tema de ayer sobre el exorcismo.

¿Quién puede exorcizar? Además de los Obispos, naturalmente los Sacerdotes que tienen esa facultad delegada por el Obispo. En la consagración sacerdotal está incluida también la facultad de exorcizar, pero ahora hablo del exorcismo oficial que los obispos se han reservado para sí, porque el exorcismo privado es de todos los sacerdotes y aún de los seglares

Como te dije en anteriores mensajes, el exorcista debe ser siempre persona de profunda vida interior, que viva intensa mente la Vida de la Gracia, plenamente consciente y conocedor de lo que hace y, por lo tanto, que conozca a fondo la naturaleza de la trágica lucha que ha de sostenerse contra 1as misteriosas, pero reales, potencias del mal; que sepa de las astucias y de las insidias que ellas están siempre prontas a tender contra todos y de manera especial contra aquellos que les hacen frente sin temores y sin miedo, pero con la necesaria prudencia.

 

El primero y el más potente medio de ataque

Los sacerdotes, que después de los obispos son los que participan más íntimamente en el Real Sacerdocio de Cristo deben exorcizar por un primario deber de su estado, por un deber de justicia y también de caridad.

Si el sacerdote en realidad está convencido, como de hecho lo debe, de ser “corredentor” con Cristo; si está convencido de que “redimir” quiere decir liberar a las almas hechas prisioneras por las potencias oscuras del mal, no se ve cómo pueda ignorar el primero y más potente medio de ataque contra sus adversarios que, fuertes por la superioridad de su naturaleza, no ahorran golpes de mano en perjuicio de las almas para hacerles daño, sobre todo cuando son invitadas por personas perversas para posesionarse de ellas y torturarlas de todas formas.

¡Sea dicho y afirmado una vez más, que es cosa absurda y paradójica que un Sacerdote ignore, o afirme que no cree en los Demonios ni en su odio por toda la humanidad, sin excepción alguna, pero especialmente por la humanidad mejor, porque eso equivale a afirmar que ignora el “porqué” del Sacerdocio y de su misión en medio del mundo!

Estos sacerdotes pueden muy bien ser comparados con Oficiales de un Ejército que no creen que deben combatir contra el enemigo que los ataca, afirmando, que no existe, que sólo es una fábula de tiempos pasados, mientras que sus soldados caen numerosísimos ante sus ojos.

Ésta, hijo mío, es la situación de muchísimos sacerdotes de esta generación loca e incrédula, que asiste impasible a la acción demoledora y disgregadora de las potencias demoníacas, sin pestañear, es más, ¡fingiendo asombro ante quien los acusa de complicidad con las adversarias fuerzas del mal!

 

Llamar a buenos seglares para sustituir a Sacerdotes

Por esto, hijo mío, una noche de 1974 te dije que te procuraras crucifijos para que los dieras a buenos seglares, animados de un espíritu de fe y de caridad, que no encuentro ya en mis sacerdotes, a fin de que esos seglares “bendigan”, dado que los sacerdotes no sólo no bendicen ya, sino que se ríen de aquellos que animados por un verdadero espíritu sacerdotal lo hacen aún.

Desmayando los Sacerdotes en los fines primarios de su vocación, Yo Verbo eterno de Dios, te sugerí que llamaras a buenos seglares, temerosos de Dios, para sustituir a los Sacerdotes materializados, para bendecir sin miedos y sin temores, asegurándote la eficacia de sus bendiciones.

Continúa, hijo mío, pues la necesidad es grande, de hecho, Mi Iglesia rebosa de fuerzas enemigas; está llena de ellas en su interior y cercada de asedio en el exterior, pero tú sabes de qué parte se inclinará la suerte favorable en este inmenso conflicto.

No alimentes dudas, hijo mío, te confirmo que las fuerzas del Infierno se desencadenarán cada vez más contra ti, pero no temas; te he dicho que serás compensado con la abundancia de mi amor y que ninguno podrá nada contra ti.

Ofréceme tus sufrimientos, que Yo transformaré en luz y gracias para tantas almas inmersas en lo oscuro de la incredulidad.

Te bendigo, hijo, y contigo bendigo a la Comunidad, que me es querida porque es y será un “faro” de luz en las tinieblas.

Ámame, reza y repara..

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