27 de Mayo de 1976
ARBOL ENVENENADO
Hijo, escribe:
¿Cuántos son los libros, las revistas que tratan los problemas de la Iglesia? Son tantos que al numerarlos resultaría una lista interminable.
¿Pero cuántos son los libros que han centrado el verdadero problema de la Pastoral? ¡No los hay! Esta afirmación podrá parecer presuntuosa y arbitraria, pero la verdad no debe nunca preocuparse de los juicios de los hombres, ni de las consecuencias que estos juicios producen.
En los mensajes precedentes, he dicho claramente: la historia de la Iglesia y de la humanidad está constituida esencialmente por la creación y caída de los Ángeles, por la creación y caída de toda la humanidad en Adán y Eva, por el Misterio de la Redención y por el Misterio de la Iglesia salida del Corazón abierto de Mí, Verbo Eterno.
Si queréis podéis imaginar a la humanidad como un gran árbol en el cual el tronco y las ramas principales están formados por los hechos arriba descritos, las ramitas y las hojas son los acontecimientos de los pueblos, de épocas y de civilizaciones que se suceden en el tiempo, como retoños naturales de este árbol gigantesco. El árbol de la vida, que tiene sus raíces en Dios, ha sido envenenado por Satanás.
Dios es la única, grande y omnipotente Realidad que domina la vida, la muerte, el tiempo y el espacio, el cielo y la tierra.
Satanás, aún estando distanciado de Dios por un abismo insalvable, por lo que jamás podrá nada contra Dios, desfoga su poder, grande pero limitado y lleno de oscuridad, contra la humanidad entera de la que logró adueñarse en Adán y Eva, y que Yo volví a arrancar desde el primer día con el anuncio hecho a los primeros padres, después de su confesión, del Misterio de mi Encarnación.
Verdades olvidadas
Estas realidades los hombres las han olvidado. En mi Iglesia no se ven éstas con la claridad necesaria para el planteamiento sobre bases sólidas, de una pastoral eficaz para bien de las almas.
Trabajan en vacío todos aquellos Obispos y Sacerdotes que no tienen ideas claras ni convicciones sólidas de esta realidad de la que las Sagradas Escrituras, antiguas y nuevas, hablan continuamente. No creer esto firmemente quiere decir desviar tesoros irrecuperables de tiempo, de fatigas, de energías, de estudios, de sobrenatural, hacia un terreno infecundo donde todo se pudre.
Imaginad, hijos, las consecuencias que se derivan de desviar un río de su cauce natural, sobre un terreno formado por alturas y depresiones: se forman estancamientos en los que las aguas se corrompen, se saturan de miasmas, y se hacen portadoras de infecciones y enfermedades.
Así es ahora la Iglesia. Esta crisis de fe que tiene sus raíces en la soberbia y la presunción, ha oscurecido las grandes realidades, claras aguas de manantial, haciendo desviarse el río de luz y de verdad de las Escrituras y de la Tradición de su cauce natural a riachuelos de aguas pútridas. Cómo se ha llegado a esto, que es el no va más de lo absurdo, es complejo de decir, pero ciertamente es también obra de la pérfida voluntad de Satanás, impotente enemigo de Dios, pero ultrapotente enemigo del hombre.
Disimulado, insidioso, tenaz en el mal, tiene buena ventaja sobre la debilitada naturaleza humana. Le resulta fácil obrar sobre una naturaleza inferior a la suya y, por añadidura, ya mortalmente herida por él.
Dios es obrador de bien, de luz, de verdad, de justicia y de paz, Satanás es obrador del mal. He aquí el origen de la historia que abarca cielo y tierra, que abarca a la humanidad.
¿Qué piensan de ello los Pastores de almas?. Si suprimís esta realidad de la mente y de los corazones de los hombres, ¿qué va a ser de los hombres? ¿Se puede pensar en anular esta realidad sin contradecir y minar desde su base la esencia de la historia humana?
Piensen los pastores de almas y mediten en serio, porque es desde aquí, desde la raíz, desde donde se debe curar el mal.
Te bendigo, hijo; ámame.