Este tercer libro que sigue a “Tu sabes que Yo te amo», y a «¡Hijitos míos,ánimo!», es otro rayo de luz que viene del Corazòn Bueno de Jesus y nos ayuda a recibir sus deseos y a cumplir su Adorable Voluntad.

Son pàginas que leìdas con calma y con humildad, hacen reflexionar, sacuden también pero sin desanimar.

Para comprenderlas mejor, serìa util tener presentes estas premisas:

- Personas de buena voluntad en el mundo, entre los Obispos, entre los Sacerdotes i entre los fieles sempre las ha habido y las hay abora, pero quizà mas bien en lo escondido, pero no por esto menos valiosas y activas. Eventuales amonestaciones por parte de Jesus van po tanto a aquéllos (muchos o pocos lo sabe y juzga solo el Señor) que entre nosotros se han enfriado en su espìritu de fé.

- La insistencia en la gravedad e intensidad de la accìon disgregadora de Satanàs en las almas y en los cuerpos , en las familias y en la Iglesia, es una insistencia voluntariamente querida por El Señor; no es que para El no aya otros problemas en la pastoral, quiere solo llamarnos a una lectura y unificaciòn en los diversos problemas en la fè que nos lleven a lo esencial: amar siempre mas al Señor y al pròjimo, y alejarnos también siempre mas del decado y de nuestro Seductor.

- Hay pàginas, specialmente en la ultima parte del libro, que parecieran de caràcter particolar por el tono y el tema, pero tienen una finalidad precisa: hacernos experimentar còmo el mundo de las personas invisibles (Dios, la Santìsima Virgen, los Angeles, los Santos, las Almas del Purgatorio) no estàn ni lejanas ni indiferentes en relaciòn a nuestras realidad visibles.

La Comunioòn le los Santos debe ser redescubierta como atmosfera auténtica sana y necesaria para el desarrollo de toda vita cristiana.

- De todo lo que Jesus nos viene proponendo es necessario hacer tesoro con amor y astucia; por tanto, nada de temores o alarmismos que chocaran con nuestra fé en la Providencia Divina; nada de pesimismos y menos de juicios temerarios sobre nnuestro pròjimo, ilégitimos y contra la caridad. Todo debe ser aplicado a la propia situaciòn personal y concretado en realidades diarias con fuerza y equilibrio.

Esto lo dice el in strumento del que el Señor ha querido servirse también para este tercer volumen.

 

INTRODUCCIÓN

¿Por qué me ha escogido Dios?

¿Quién soy yo? Soy menos que un granito de polvo frente al universo, soy menos que una gotita invisible frente al océano, soy menos que un repugnante gusanillo que se arrastra en el fango de la tierra.

Soy un pobre sacerdote, entre tantos, el menos culto, el menos docto, el más desprovisto, un pobre sacerdote rico sólo en innumerables miserias de toda naturaleza.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para que se entienda que yo no soy más que un pobre instrumento en Sus Manos, para que se entienda por todos que no soy más que una miserable pluma despuntada, mi misma caligrafía es símbolo de mi inconmensurable pobreza y nulidad.

¿Por qué me ha escogido Dios? Para confundir a los soberbios, hinchados de orgullo por su saber, que han llenado la Iglesia de errores y de herejías, envenenando a las almas. Sí, necedades, errores, herejías, sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre la Santísima Virgen, sobre la Revelación. Dios es infinitamente sencillo y nos quiere sencillos y humildes.

“En verdad, en verdad os digo que si no os volvéis sencillos como estos pequeños, no entraréis en el reino de los cielos”.

Basta transformar las cosas simples en las cosas más complicadas, basta acuñar nuevos vocablos, nuevas palabras, para ostentar su saber y atraer sobre sí, de este modo, la atención de los otros. Estimo útil esta breve introducción, si no necesaria, para que se establezca, entre mí, instrumento, y los lectores a los que está dirigido este libro, ambos envueltos en un designio de amor de la Providencia Divina, un contacto espiritual que facilite la acción de la Divina Voluntad.

Monseñor Octavio Michelini

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