12 de Julio de 1976
MENOS DE UN INSTANTE
Hijo mío, escribe, soy tu mamá.
Tú comprendes cómo es de sensible el corazón de una madre para todo lo que se relaciona con la vida de sus hijos.
Ahora bien, se te ha dicho muchas veces, y con razón, que la vida no se interrumpe por la muerte. Estoy hablado del alma, razón y causa de la vida del cuerpo.
El alma de una madre se purifica y perfecciona, en su existencia ultraterrena, también en su sensibilidad hacia aquellos que ella engendró en vida.
Hijo mío, tú puedes comprender que, viviendo nosotros de Dios, en su luz infinita os vemos a vosotros y vuestras experiencias cotidianas, sufrimientos y dificultades, pero no podemos sufrir por nada de esto.
Nuestra confianza sin limites en Él y el Amor que Dios tiene por vosotros nos hace felices.
¡Ánimo, hijo! Tú crees en la Comunión de los Santos y sabes que ésta no es una verdad abstracta: es una sublime realidad por la que Dios nos une. Ya que vivimos en Su amor, necesariamente estamos también unidos en el amor con vosotros.
Te repito: ¡Ánimo!
La vida en el tiempo es menos que un instante, y la pobre tierra es menos que un invisible punto en el espacio.
Tu mamá