27 de Mayo de 1976

UNA LARVA DE VIDA

Escribe, hijo:

Como Satanás ha desgarrado mi Cuerpo físico, en el modo que os es bien conocido, con torturas atroces, así ahora dirige sus furibundos ataques contra mi Cuerpo Místico, la Iglesia. Como se valió de Judas para ponerme a Mí, Cristo Jesús, en manos de mis enemigos, así se vale ahora y se servirá mañana de los mismos sacerdotes, para entregar la Iglesia en las manos de sus enemigos. Por medio de la cruz volvió a entrar la Vida al mundo. Por medio de la cruz será renovada mi Iglesia. Sea bien notorio para todos que no existen otros caminos intermedios. A Satanás se le derrota oponiéndole los actos opuestos a los que él practica. Por soberbia se separó a sí mismo de Dios, y a innumerables legiones de Ángeles, que se convirtieron en sus secuaces. Con humildad infinita, le arranqué Yo innumerables legiones de almas. Satanás está presente en la Iglesia con la soberbia. Ésta es la tremenda pasión que, como cáncer maligno, devora almas que ocupan puestos claves en el Cuerpo místico, y se sabe que la soberbia “est radix omnium malorum” .

Satanás maniobró de forma que provocase, a través de los sacerdotes del templo, de los escribas y fariseos, mi condena a muerte. Hoy la estrategia con la que actúa es la misma: prepara en la sombra conjuras y complots que llevarán a mi Cuerpo místico al desgarramiento, como sucedió con mi Cuerpo físico. Habrá de nuevo derramamiento de sangre.

Satanás, aún siendo una criatura con una gran inteligencia natural y de gran potencia, es no obstante siempre limitado. No podrá cambiar sus artes, por lo que seguirá usando las mismas del principio. Por esto no es difícil, para quien tiene fe y espíritu de observación, reconocer sus trucos, sus mentiras y sus maneras de acechar a las almas. En los milenios de su actividad demoledora nada ha cambiado sustancialmente y nada podrá cambiar.

 

Soberbia y oscuridad

Estando así las cosas, debería ser fácil determinar su obra de erosión del Cuerpo místico. ¿Cómo es que en cambio lo perciben sólo unos pocos, mientras que muchos ni siquiera os creen?

La crisis de fe produce oscuridad, y en la oscuridad no se ven los objetos que nos rodean. La crisis de fe y la falta de vida interior son una sola cosa. Sin vida interior, no hay capacidad de obrar. La falta de vida interior es falta de vida de gracia: quién no vive, no puede hacer nada. Si la fe es tenue, la vida interior se vuelve una larva. Una larva de vida no desprende ni luz para ver, ni fuerza para actuar: he aquí la verdadera causa de la crisis sacerdotal.

Imaginad el triste espectáculo de una gran clínica moderna en donde falten médicos y enfermeras o, si hubiera alguno, no estuviera a la altura de su deber. Pues bien, la Iglesia es como una gran clínica en la que demasiados enfermos no encuentran la asistencia debida para sus enfermedades y, si hay un mínimo de asistencia, queda siempre inadecuada a la necesidad.

Es necesario preguntar: ¿se cree o no se cree en las palabras del divino Maestro? ¿Se cree en su Divinidad? ¿Se cree, o no se cree en sus palabras que, precisamente porque son suyas, no pueden cambiar, por lo que son tan válidas hoy como ayer?

 

Señales de la fe

Releed mi Evangelio según Marcos: “Jesús se apareció a los once y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación, el que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean les: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, tomarán serpientes en sus manos, y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”. Con esto el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban”.

¿Por qué los Pastores de almas no obran de en conformidad con estas palabras? ¿Tal vez temen que la virtud de esta Palabra después de tantos siglos se haya hecho estéril? ¿O bien, creen que su acción pastoral no tenga necesidad de ser confirmada por el Cielo? ¿O bien porque piensan que los milagros sobre los enfermos, sobre los muertos, sobre los endemoniados, etc., han sido un lujo del tiempo de mi vida terrena y que el mundo actual no tiene ya necesidad de auténticos prodigios que iluminen su noche y lo sacudan de su sopor? ¡Todo prodigio, hijo mío, como la liberación de un endemoniado, no le cuesta a la omnipotencia de vuestro Dios, sino a la debilidad de vuestra fe!

Te bendigo, hijo, ámame.

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